ASESORAMIENTO PARA LOS PACIENTES CON CÁNCER SOBRE PRÁCTICAS NUTRICIONALES EFICACES

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Muchos pacientes con cáncer gastrointestinal requieren orientación sobre nutrición.

Fuente: OncologyNurse Advisor
Traducción: Adriana De Groote, Fundación GIST Chile
Link al documento original: Counseling cancer patients on effective nutritional practices


Las evaluaciones que permiten diagnosticar y tratar los cánceres gastrointestinales (GI) en forma temprana han mejorado la prognosis para muchos pacientes, permitiéndoles concentrar su atención en hacer modificaciones saludables a su estilo de vida que les ayudan a superar los rigores del tratamiento y los preparan para llevar una vida saludable después de completarlo. La tasa de supervivencia a 5 años de los pacientes con cáncer colorrectal (en Estados Unidos, el tipo de cáncer GI que es por mucho el más común, con más de 130.000 nuevos casos cada año) es de 65% en general y de hasta 90% para los pacientes diagnosticados con un cáncer localizado. La supervivencia para otros cánceres gastrointestinales frecuentes (del páncreas, estómago e hígado) no es tan alta, pero puede llegar a 30% en el caso de cáncer hepático localizado y a 64% en caso de cáncer del estómago localizado. Aunque un nuevo estudio informa que es más probable que los supervivientes de cáncer adopten hábitos alimenticios saludables que el resto de la población, los hallazgos de múltiples estudios con supervivientes (adultos y niños) de distintos cánceres, sugieren que sólo entre el 20% y el 50% de ellos se adhiere fielmente a las recomendaciones nutricionales y a los lineamientos de actividad física, mientras muchos se permiten comportamientos (especialmente en su opción de alimentos) que pueden incrementar el riesgo de tener una mala salud.

Los lineamientos más recientes sobre nutrición para los supervivientes de cáncer emitidos por la American Cancer SocietyACS (Sociedad Estadounidense contra el Cáncer) enfatizan lo que ellos llaman una “dieta prudente” que se concentre en una mayor ingesta de vegetales, frutas y granos enteros, restringiendo el consumo de granos y carnes procesados y carnes rojas, lo que representa un marcado contraste con la dieta típica de occidente, alta en grasas y alimentos y carnes procesados. Seguir estas recomendaciones nutricionales reduce la mortalidad relacionada con el cáncer y la mortalidad general entre los pacientes con cáncer, lo que representa un gran incentivo para el paciente y su equipo oncológico.

NutsSeedsUn metanálisis reciente encontró que el riesgo de muerte por cáncer era 22% más bajo entre los pacientes que informaban adherirse más estrechamente a los lineamientos nutricionales, lo que también redujo el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal en un 21%. En los supervivientes de cáncer de colon estadío III, el consumo de una dieta occidental (una ingesta alta de carbohidratos y alto índice glucémico) hace aumentar independientemente el riesgo de recurrencia y mortalidad. Es más, los efectos negativos de los carbohidratos y las cargas glucémicas eran más marcados en los pacientes con sobrepeso u obesos. En las sobrevivientes del cáncer de mama, adherirse a una dieta prudente antes y después del diagnóstico se asocia a un menor riesgo de mortalidad general y, en algunos estudios, a reducciones significativas en recurrencia y mortalidad relacionada al cáncer.

INTERVENCIONES

La necesidad de intervenciones encaminadas a promover una alimentación saludable es especialmente apremiante entre los pacientes con cánceres GI, quienes pueden enfrentar problemas para satisfacer sus necesidades nutricionales durante y después de su tratamiento como subproducto de su misma enfermedad, cirugía o tratamiento sistémico. Las intervenciones específicas incluyen comidas pequeñas y más frecuentes, con una ingesta mínima de líquidos para ayudar a los pacientes con anorexia o sensación de saciedad, así como el uso de productos comerciales fortificados y densos en calorías, como el Ensure, para ayudar a los pacientes que no pueden obtener los nutrientes necesarios solo de la comida. Otras opciones, dependiendo de los requerimientos específicos del paciente, incluyen considerar las opciones farmacológicas de estimulantes del apetito, la nutrición enteral mediante sonda de alimentación o el apoyo con nutrición parenteral.

Durante el período de transición después de terminado el tratamiento, los pacientes aún pueden experimentar problemas que van en detrimento de su alimentación y que requieren de asesoría y apoyo por parte de su equipo oncológico en lo referente a nutrición. Los estimulantes del apetito y los medicamentos para aliviar ciertos síntomas podrían ser necesarios para ayudar a pacientes que están bajos de peso o cuyo estado nutricional está comprometido. Si los efectos de la enfermedad o el tratamiento dejan al sobreviviente de cáncer colorrectal incapaz de absorber nutrientes en forma normal, se recomienda referirlo a un dietista o nutricionista calificado. En este período de transición, el equipo oncológico es fundamental para reforzar la importancia de comenzar o mantener una dieta prudente y un programa regular de actividad física para mejorar los resultados a largo plazo.

En un estudio reciente realizado en Corea del Sur, una intervención nutricional con la participación de los pacientes luego de haber sido dados de alta del hospital, dio por resultado mejoras significativas en su condición funcional, desempeño, ingesta alimentaria y adherencia a los lineamientos dietéticos entre los pacientes que habían sido sometidos a una gastrectomía por cáncer de estómago. Esta sencilla intervención incluía dos reuniones con el paciente y dos intervenciones telefónicas de seguimiento entre el paciente y el profesional oncológico para obtener la evaluación de los pacientes en cuando a su capacidad funcional y conocimiento alimentario general, así como para lograr su participación en las modificaciones alimentarias después de concluido el tratamiento llevando un diario nutricional.

Para logar los mejores resultados, el equipo oncológico debe adaptar las recomendaciones nutricionales a las necesidades específicas del paciente individual. En un seguimiento a largo plazo de un grupo de pacientes con cáncer colorrectal bajo tratamiento con radioterapia, aquellos que recibieron asesoría personalizada y educación sobre los distintos alimentos, mantuvieron una condición nutricional adecuada y una media de supervivencia más larga y una mejor calidad de vida que aquellos que siguieron su dieta usual con o sin suplementos. Es importante comprender la actitud de los pacientes hacia la comida, cualquier objeción que puedan tener e incluir sus puntos de vista en las conversaciones sobre nutrición y en las recomendaciones alimentarias. Si es posible, incluya a los familiares o a los amigos de los pacientes, ya que ellos pueden ser aliados valiosos en el proceso de incorporar cambios en la dieta.

SUPLEMENTOS Y DIETAS “CONTRA EL CÁNCER”

Tanto para los pacientes como para los profesionales oncológicos, los suplementos representan un verdadero enigma. Los suplementos de folato pueden contrarrestar las terapias con sustancias antagonistas del ácido fólico, como el metotrexato, y los suplementos antioxidantes populares pueden menoscabar el daño oxidativo relacionado con el tratamiento que es necesario para destruir las células cancerígenas. La evidencia en apoyo de que los suplementos puedan ser de beneficio en los casos de cánceres gastrointestinales es muy poca o inexistente.

En el caso del cáncer colorrectal, los suplementos de calcio pueden tener un efecto positivo en reducir la recurrencia de pólipos, pero no se ha demostrado un efecto benéfico con los suplementos de folato (que puede aumentar el riesgo de múltiples adenomas) o con suplementos de antioxidantes, de fibra o cambios modestos en la dieta.

Como precaución general, los pacientes deberían evitar tomar suplementos salvo que haya una deficiencia declarada o que se necesiten para alcanzar una meta terapéutica específica, como en el caso del calcio para combatir la osteoporosis. Los suplementos que proporcionan una dosis mayor que el valor diario recomendado de vitaminas individuales no deberían ser utilizados.

Además de información sobre suplementos, el Internet proporciona a los pacientes acceso a una variedad de dietas contra el cáncer, la mayoría de ellas con un vago fundamento médico o científico pero poca evidencia de un verdadero beneficio clínico. Estos enfoques, como la dieta alcalina, de alimentos crudos, vegetariana, los enemas de café, la dieta cetogénica y otras prometen efectos anticancerígenos mediante una variedad de mecanismos. El año pasado se hizo una revisión de la evidencia en apoyo de estas dietas, pero no se encontraron pruebas sólidas de que ninguna proporcionase mayor beneficio.

Sin embargo, el equipo oncológico seguramente se enfrentará a algunos pacientes que siguen estas dietas o tienen curiosidad sobre ellas o sobre los suplementos dietéticos. Los profesionales clínicos deben estar preparados para ofrecer un consejo objetivo y libre de prejuicios para evitar socavar la comunicación con el paciente. Varios estudios sugieren que una experiencia de comunicación negativa con el equipo oncológico refuerza el deseo del paciente de utilizar dietas no tradicionales y, en algunos casos, prescindir de la terapia convencional. Cuando se hable de las dietas contra el cáncer o los suplementos alimentarios con los pacientes, comuníquese con respeto reconociendo las creencias del paciente, y mencione aquellos puntos donde la evidencia científica y las creencias no concuerdan. Describa los suplementos o las dietas contra el cáncer desde un punto de vista científico, pero utilizando un lenguaje apropiado al nivel de comprensión del paciente. Incluya información pertinente respecto a los riesgos de desnutrición o efectos adversos y conversen sobre la falta de evidencia en cuanto a beneficios, centrando la conversación en la necesidad de trabajar juntos para desarrollar un programa personalizado de alimentación saludable. Si un paciente insiste en seguir una dieta contra el cáncer después de la consulta, es importante realizar el seguimiento adecuado para vigilar el estado nutricional del paciente y evitar cualquier efecto dañino.

EL EJERCICIO: EL SOCIO DE LA DIETA

Por supuesto, la dieta por sí sola no es suficiente. Los lineamientos de la ACS y del Instituto Nacional del Cáncer también enfatizan la importancia de alcanzar y mantener un peso saludable mediante la modificación de la dieta y una adecuada actividad física, la cual se define generalmente como 150 o más minutos de ejercicio por semana y entrenamiento de fuerza (con pesas) dos veces por semana. Los programas de estilos de vida saludables que incorporan recomendaciones dietéticas, metas de pérdida de peso y aumento de la actividad física, están vinculados a una reducción de la mortalidad y a mejoras en la calidad de vida y función física. Todos los pacientes con cáncer, incluso aquellos que tienen un peso normal y los que tienen sobrepeso pero que no experimentan una pérdida significativa de peso, obtienen beneficios. Para los pacientes, es difícil comprometerse a un programa de estilo de vida saludable. Una encuesta entre sobrevivientes de cáncer colorrectal encontró que aproximadamente el 40% del tiempo, ellos no cumplen con los requerimientos mínimos de ejercicios. Las razones más frecuentes para no hacer los ejercicios eran la falta de tiempo, los efectos secundarios del tratamiento y la fatiga. Al menos estas últimas dos podrían ser susceptibles de intervenciones que pueden convenirse entre el paciente y su equipo oncológico.

nutricionistaLos pacientes citan como factor importante en su decisión de ejercitarse o seguir una dieta la recomendación del oncólogo y/o su equipo oncológico. Sin embargo, aunque muchos oncólogos reconocen la importancia de estas intervenciones, se olvidan de recomendarlas. Pasos sencillos, como el enfoque de 5 puntos que se utiliza para ayudar a los fumadores a dejar de fumar (pregunte, aconseje, evalúe, ayude, dé seguimiento) son útiles para iniciar la conversación y reforzar con el paciente la importancia de la nutrición y la actividad física para su salud a largo plazo. La American Society of Clinical Oncology (Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica) cuenta con herramientas para ayudar a los equipos oncológicos a reforzar sus conocimientos y su confianza al momento de brindar asesoría sobre actividad física y control del peso. Vea: (http://www.asco.org/practice-research/obesity-and-cancer).

Para resumir, se debe animar a los pacientes a adherirse a la dieta que se les ha recomendado a fin de maximizar sus vidas después del cáncer. Desde el punto de vista práctico, la enfermera oncológica está en una excelente posición para poder trabajar estrechamente con los pacientes durante y después del tratamiento, para educarlos, animarlos y reforzar la importancia de un estilo de vida saludable.

Leslie Burgess es una escritora de temas médicos con base en Los Ángeles, California.